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Los encantos de Marina

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  Por fin he encontrado mi sitio en este mundo cruel. Me siento bien, valorada, reconocida… La vida me sonríe por una vez y no puedo estar más feliz. ¡Fíjateeeee! Desde esta posición privilegiada veo a la gente pequeñita y eso me hace sentir grande, poderosa, con una fuerza inusitada y una seguridad en mí misma que me aleja cada vez más de la mujer ñoña e invisible que siempre he sido. Aquí estoy, pisando fuerte, soy una diosa. ¡A ver quién es el guapo que me mueve! —¿Le apetece a la dama una copa de cava? ¿Y esa voz tan masculina, tan viril? ¡A la dama, dice!, se lo tengo que contar a mi amiga Carmen. Me empiezan a sudar las manos, confío en que él no se dé cuenta, se me hace un nudo en la garganta… ¡Joder!, creo que he ligado. Me giro, nuestras miradas se encuentran y yo…, yo no sé qué hacer, así que intento sacar provecho a los tres mil euros de mis recién retirados brackets de zafiro y le dedico una entrenada sonrisa profident al morenazo de ojos negros que, solícito ...

Mi familia y esas cosas

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  Mi nombre es Soco, bueno, Socorro, y soy la mayor de tres hermanos. ¿Por qué?, ¿por qué, qué? ¿por qué me llamo Socorro o por qué soy la mayor? A ver, lo de que soy la mayor es por algo tan evidente como que nací la primera (tampoco hay que ser muy listo), en 1980; pero lo de Socorro… Lo de Socorro es otra historia. Me llamo Socorro porque así se llama mi abuela paterna y así ha venido siendo durante generaciones. En mi familia, el primero en nacer se lleva como premio el nombre de los abuelos paternos (en mi caso Socorro y Secundino); al segundo vástago le toca el de los abuelos maternos, y a partir del tercero, lo que decidan los padrinos, los padres o la vecina del quinto. El tema es que, debido a esa estupendísima tradición, tengo once primas que se llaman igual que yo, porque mi padre tiene once hermanos varones, todos ellos tuvieron una niña como primer descendiente y todos, absolutamente todos, optaron por Socorro antes que por Secundina. La cosa se complica aún más,...

Solo un paso más

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  Solo un pasito más, solo uno y podré salir de este infierno, poner punto y final a esta angustia. Me ahogo, no puedo respirar… Ya no soy capaz de mirarme al espejo, ni de reojo. No me reconozco, me oculto, me asusto, no dejo que nadie me vea… He colocado tres juegos de luces psicodélicas en el baño, (de esas con focos de led con luz estroboscópica) y he utilizado todos los trucos de las famosas. Hasta he puesto medias en varias bombillas, pero no unas medias cualesquiera, noooo; de   las del número 9, color gris, de Christian Dior , como Sara Montiel. Si a ella le servía como reductor instantáneo de arrugas e imperfecciones, también me servirá a mí para algo, digo yo ¿no? ¡Pues no!, ni media ni leches. Con tanto filtro y tanta luz psicodélica (¡qué mareo!), me he metido el cepillito de la máscara de pestañas en todo el ojo. Encima en el derecho, que es el bueno, porque con el izquierdo veo menos que un pez frito. En fin, que he intentado limpiarme con una toallita desm...

Los zombies no saben bailar

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  20:00 horas, sábado. El tamborileo de sus dedos sobre la mesa de melamina del despacho del comisario, mientras releía por quinta vez el informe que le había pasado el subinspector Bernini, no presagiaba nada bueno. La inspectora Paola Martín, de homicidios, se había hecho sangre al morderse el labio inferior, tratando de contener el impulso de levantarse y agarrar por el cuello a la sospechosa que, sentada frente a ella y con cara de no haber roto un plato en su vida, se aferraba a un bolso de macramé con asas de madera, que descansaba sobre sus rodillas como si fuera un perrito de peluche. Con Ramales de baja, Paola había tenido que asumir el mando y trasladarse a una oficina que, para su desgracia, apestaba a sudor añejo y a Varón Dandy , poniendo a prueba una reciente hiperosmia* , que la había convertido en un detector humano de todo tipo de olores (los buenos y los no tan buenos). —Tenemos tres más; un hombre de sesenta años con lesión testicular grave, una monja con luxació...

Renata & Colette

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  — ¿Te la vas a comer? El movimiento vertiginoso del tenedor de Colette sobre la última croqueta que quedaba huérfana en el plato, pasó como un tsunami por delante de los ojos de Renata antes de que su cerebro pudiera dar la orden de abrir la boca y decir ‘sí’. Ni era la primera vez ni sería la última. ¿Te lo vas a comer?, ¿te lo vas a beber?, ¿te lo vas a poner?, ¿te lo vas a comprar?, ¿te lo vas a follar?... Colette nunca esperaba respuesta y se comía los bombones que Renata atesoraba para ese momento especial que nunca llegaba, se bebía su gintonic antes de que las dos bayitas de enebro tuvieran la oportunidad de dejar su toque aromático, investigaba en su armario y se ponía sin permiso el vestido negro con el escotazo hasta el ombligo, se compraba el modelo de coche deportivo para el que ella llevaba ahorrando media vida y se follaba al tío que le gustaba. La vida de Renata era un desear sin osar y la de Colette un actuar sin medida. ¡La odiaba! Aquella tarde, Colett...

Rubia, soltera y extremadamente peligrosa

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  Pasar las primeras horas de la mañana de Reyes interrogando a una sospechosa de asesinato no entraba dentro de sus planes, pero no le había quedado más remedio que hacer de tripas corazón y cruzar los dedos para que aquello terminara cuanto antes y poder así disfrutar tranquilamente del roscón y del delicioso chocolate que cada seis de enero preparaba su abuela. Aún no había amanecido. La inspectora Paola Martín, de homicidios, tenía la mirada perdida en la cucharilla que giraba en sentido contrario a las agujas del reloj mientras revolvía el café, exigiéndose a sí misma un esfuerzo sobrehumano para permanecer despierta. —No ha sido ella— El timbre de voz extremadamente agudo de la abogada de oficio la terminó de espabilar. —¿Perdón? —Que le digo que mi clienta no es la asesina. Paola observó con desgana a la sospechosa. Embutida en un vestido blanco al más puro estilo “Instinto Básico” ( Sharon Stone en pleno cruce de piernas) , Bárbara M.R. permanecía en silencio, s...

Que la aguante su madre

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Me voy a tomar un paracetamol a ver si con un poco de suerte se me quita esta dichosa jaqueca. Bueno, mejor que sean dos, y un Enantyum, porque con la tarde que llevo, solo me falta ahora que venga mi marido con ganas de fiesta y no sé yo si tendré el chichi pa’ farolillos. Hoy ha venido a visitarnos por primera vez una “amiguita” de mi hijo el pequeño. Ha sido horrible. Según he abierto la puerta y la he visto... Que yo no tengo nada en contra de que vengan a mi casa las “amiguitas” de mis hijos (tengo tres) ¿eh?, pero es que esta, precisamente, conociendo a la madre… Sí, sí, la conozco muy bien, íbamos juntas al instituto y ¡menuda era! Pero a lo que iba. ¡Ay señor, la pinta que me traía la niñita! Si es que habiéndola parido la Paqui no podía ser más repipi. Que los lazos y los vestidos de piqué ya no se llevan, alma de cántaro… Pues nada, que ahí estaban mi niño y la muñeca repollo viendo no sé qué en la tele, sentaditos muy juntitos en la alfombra, rodeados de cojines, como ...

Un diagnóstico indecente

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  Genoveva ( Veva para amigos y familiares) López de Azpilicueta, viuda de Argüelles y marquesa de Santillana releyó por quinta vez aquellas seis palabras. Media docena de vocablos que configuraban un diagnóstico totalmente indecente que, de hacerse público, podría arruinar su vida para siempre o, lo que es peor, su reputación: “ Síncope vasovagal por esfuerzo al defecar” . Conocía de sobra a los buitres que la rodeaban (cuñados, sobrinos, una hija legítima de su primer matrimonio y el hijo que su segundo marido tuvo con el ama de llaves) y sabía de sobra que lo que tenía entre sus manos era su sentencia de muerte, la oportunidad que todas esas aves carroñeras estaban esperando. Pensaba en la próxima portada de la revista Hola . Había contratado con ellos un reportaje para enseñar su casa, sus perros, sus jardines, sus quince cuartos de baño con grifería dorada, sus cuadros de Botero y sus piscinas (la climatizada y la otra), por el que se llevaría unos buenos euros. Nota menta...

Calladita estoy más guapa

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Se detuvo por quinta vez delante del espejo del recibidor y revisó su imagen de arriba a abajo, observando de forma minuciosa cada detalle, antes de que la alarma del móvil le indicara que ya no había tiempo para más cambios. Después de dos horas haciendo combinaciones de prendas, asesorada por una niña de cinco años aspirante a itgirl de lo más cool , la inspectora Paola Martín, de homicidios, remató el outfit elegido para aquella ocasión recogiendo su melena rizada en una coleta alta (muy Rihanna ). Siempre prestaba atención a su aspecto, pero aquel día era vital. No quería pecar de poli tiesa e intransigente, pero menos aún que se le subieran a la chepa. No le interesaba proyectar una imagen demasiado formal, por lo que descartó el traje de chaqueta de Armani que se había comprado en el último Black Friday .  Tampoco era cuestión de ir en deportivas y con los vaqueros rotos por muy de moda que estuvieran, así que al final, tiró por el camino del medio: pantalones pitillo, ...

Isabel Cabrera en "Vigila el rollo, que no se escape"

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  El 18 de marzo de 2020, recién estrenadito el confinamiento y en plena crisis del papel higiénico, la inspectora Paola Martín, de homicidios, decidió investigar y llegar hasta el final de un asunto que trajo de cabeza a tres cuartas partes (o más) de la población. Así nació "Vigila el rollo, que no se escape" . Semanas después, la actriz y narradora oral Isabel Cabrera (te adoro, Isa), lanzaroteña para más señas, me mandaba un Whatsapp: "Con esto de la pandemia, voy a participar en un tagoror de cuentos telemático y me gustaría que me dieras tu permiso para hacer una adaptación de uno de tus relatos". ¿Mi permiso?, ¡por supuesto! y las llaves de mi casa le hubiera dado. Así que, el 17 de abril, puse mis cinco sentidos (y el de repuesto) en la página de Facebook de la Asociación Canaria de Narración Oral, Tagoral, organizadora del encuentro. ¿Y sabes lo que pasó?, pues que Paola Martín de repente tenía voz, tenía vida... y me emocioné y reí como una boba.  Hoy quie...