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El vestido

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—No puedes ponerte ese vestido. Simplemente no lo puedes llevar. —Lo sé, pero no me presiones. Ya conoces a mi madre… La tradición es la tradición.  —Lo siento cariño, pero yo me voy a casar contigo, no con tu madre. Es nuestra boda, nuestro día… Y ese vestido, lo siento, pero no, no te veo con él. La boda de María y Arturo había sido lo que Carmelita llevaba años esperando. ¡Qué ilusión!, por fin tocaba desempolvar el vestido que había llevado su abuela, su madre, su tía Encarna, su prima Marga, su hermana Laly y, por supuesto, ella misma.  Había llegado el momento de que el preciado tesoro familiar pasara a la siguiente generación y a ella nadie, absolutamente nadie, le iba negar el privilegio de ser la primera en hacer los honores de ceder el testigo. Con ese corte de cintura de avispa y falda voluminosa, escote en forma de corazón, drapeados y transparencias, aquel vestido de plumeti, organza y encajes de nylon, representaba todo el glamour de las bodas de alta alcurnia de...

Cabos sueltos

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  —Estoy perdida. Apoyó la frente contra la ventana deseando que las gotas de lluvia que golpeaban el cristal, golpearan también su conciencia y la dejaran libre de todo mal pensamiento.   Que su suegra resbalara y cayera por las escaleras del chalecito de la playa, después de semanas criticando su forma de preparar la paella, o que el  Lamborghini  del cabronazo de su jefe se incendiara tras negarle sus merecidas vacaciones, no había sido fruto de la casualidad. Sonrió. Todo había salido según lo previsto, pero no iba a ser ella quien lo dijera. —Tú no tienes la culpa, Sabrina, a veces estas cosas pasan, sin más. No podemos controlar todo lo que ocurre a nuestro alrededor, ya deberías saberlo. "A veces las cosas pasan, a veces las cosas pasan..." Eso no la ayudaba, se le agotaba la paciencia y se estaba empezando a cansar del mismo sermón. Cada jueves, la misma cantinela. Se suponía que los ochenta euros de sesión semanal pagados a tocateja durante los s...

Bon appétit

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  El sonido del reloj del horno le indicó que su última creación culinaria ya estaba lista. Abrió cuidadosamente la puerta, sacó con esmero la bandeja y comprobó satisfactoriamente que el asado estaba en su punto, mientras se servía una generosa copa de Tío Pepe.  Todo estaba preparado, ya no quedaba nada por hornear, freír o guisar, así que se quitó el delantal y observó orgullosa su obra maestra. Tenía fama en el barrio de ser la mejor cocinera, la más limpia, la más amable, la más atenta, la anfitriona ideal. Le encantaba recibir visitas, agasajar a sus invitados y estar pendiente de cada detalle. No se le escapaba nada; cada cubierto con la inicial del comensal, la servilleta adornada con su flor favorita, las copas personalizadas… Solía dejar que los colores y los tejidos jugaran en la mesa con la textura, el aroma y el sabor de cada alimento, mientras los invitados admiraban su buen gusto y su buena mano, regalándole todo tipo de cumplidos. Hasta había aprendido a ...

No molesten, estoy de parto

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  En este preciso momento son las 16.04 del 16 de febrero (eso dice el reloj del móvil), en un par de horas iré al aeropuerto a buscar a mi hermana y a mi sobrino (llegan a las 18.00) y algo más tarde, a eso de las 21.00, daré las buenas noches a mi chico grande (ya tiene cuatro años y ocho meses), volveré un poco la puerta de la habitación para que su primo y él y duerman tranquilitos, saldré al pasillo y me pondré de parto. Así, sin avisar.    — ¡Beaaaa! Que acabo de romper aguas ("romper aguas"... Una expresión de lo más rara, pero eso es lo que ha pasado o pasará: he roto o voy a romper aguas). Mi hermana asomará la cabeza por la puerta del baño. — Muy graciosa, pero que muy graciosa, sister. Deja de pegar esos sustos, que te faltan dos meses para salir de cuentas. Ella es así, el líquido amniótico me estará en ese momento chorreando por las piernas y formará un gran charco al llegar al suelo, pero si mi hermana dice que faltan dos meses, entonces es que no es...

¿Dónde están mis ‘manolos’?

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  Voy a contar un secreto. "¿Dónde están mis 'manolos'?" nació como parte de un experimento, de una divertida locura, de un mano a mano (en plan Silvio y Aute) con otra cuentista, amante del buen humor y de las letras como herramienta para conseguir que la dosis diaria y necesaria de risas, carcajadas y sonrisas se introduzca en nuestro organismo. Ella se llama Maite Bilbao Pérez y juntas hemos parido a Herminia y a Maripili. Ha sido un parto sin dolor. Las cuatro estamos bien.                                    ********* Las siete de la mañana, ¿cómo puede hacer tanto ruido? Debe ser por esas cosas tan modernas que llaman tacones. Esa especie de taco de madera puntiaguda que lleva debajo de los zapatos, no sé cómo puede andar sin caerse. Toc, toc, toc… Y sigue… ¿cómo consigue entrar en ellos? Son tan estrechos que los dedos de los pies sufrirán tortura. ¡Tengo que quitárselos! ¿Y por qué se v...

2080

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  15 de marzo de 2080. Han pasado más de sesenta años de la gran crisis y los habitantes del planeta Tierra se han acostumbrado a vivir en un espacio completamente aséptico. Una gran cápsula transparente protege a la humanidad y otras especies (animal o vegetal, da igual) de cualquier germen que pueda llegar desde el espacio exterior. Para reforzar la seguridad, inmensos dispensadores ambientales y bacteriostáticos, con forma de columnas dóricas, distribuidos estratégicamente a lo largo y ancho de la superficie terrestre, expelen a través de sus estrías miles de partículas protectoras que se cuelan en el aparato respiratorio de todo bicho viviente. Tres “fsss” cada treinta minutos… Es domingo y, como cada último día de la semana, toca vestir de azul; azul hielo concretamente, es fin de mes. Carola se prepara para el ritual. Tiene 17 años, los mismos que tenía su abuela en 2020. Le gustaría poder elegir la ropa que se va a poner cada día, como hacían los antiguos habitantes, pero...