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Que la aguante su madre

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Me voy a tomar un paracetamol a ver si con un poco de suerte se me quita esta dichosa jaqueca. Bueno, mejor que sean dos, y un Enantyum, porque con la tarde que llevo, solo me falta ahora que venga mi marido con ganas de fiesta y no sé yo si tendré el chichi pa’ farolillos. Hoy ha venido a visitarnos por primera vez una “amiguita” de mi hijo el pequeño. Ha sido horrible. Según he abierto la puerta y la he visto... Que yo no tengo nada en contra de que vengan a mi casa las “amiguitas” de mis hijos (tengo tres) ¿eh?, pero es que esta, precisamente, conociendo a la madre… Sí, sí, la conozco muy bien, íbamos juntas al instituto y ¡menuda era! Pero a lo que iba. ¡Ay señor, la pinta que me traía la niñita! Si es que habiéndola parido la Paqui no podía ser más repipi. Que los lazos y los vestidos de piqué ya no se llevan, alma de cántaro… Pues nada, que ahí estaban mi niño y la muñeca repollo viendo no sé qué en la tele, sentaditos muy juntitos en la alfombra, rodeados de cojines, como ...

Un diagnóstico indecente

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  Genoveva ( Veva para amigos y familiares) López de Azpilicueta, viuda de Argüelles y marquesa de Santillana releyó por quinta vez aquellas seis palabras. Media docena de vocablos que configuraban un diagnóstico totalmente indecente que, de hacerse público, podría arruinar su vida para siempre o, lo que es peor, su reputación: “ Síncope vasovagal por esfuerzo al defecar” . Conocía de sobra a los buitres que la rodeaban (cuñados, sobrinos, una hija legítima de su primer matrimonio y el hijo que su segundo marido tuvo con el ama de llaves) y sabía de sobra que lo que tenía entre sus manos era su sentencia de muerte, la oportunidad que todas esas aves carroñeras estaban esperando. Pensaba en la próxima portada de la revista Hola . Había contratado con ellos un reportaje para enseñar su casa, sus perros, sus jardines, sus quince cuartos de baño con grifería dorada, sus cuadros de Botero y sus piscinas (la climatizada y la otra), por el que se llevaría unos buenos euros. Nota menta...

Calladita estoy más guapa

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Se detuvo por quinta vez delante del espejo del recibidor y revisó su imagen de arriba a abajo, observando de forma minuciosa cada detalle, antes de que la alarma del móvil le indicara que ya no había tiempo para más cambios. Después de dos horas haciendo combinaciones de prendas, asesorada por una niña de cinco años aspirante a itgirl de lo más cool , la inspectora Paola Martín, de homicidios, remató el outfit elegido para aquella ocasión recogiendo su melena rizada en una coleta alta (muy Rihanna ). Siempre prestaba atención a su aspecto, pero aquel día era vital. No quería pecar de poli tiesa e intransigente, pero menos aún que se le subieran a la chepa. No le interesaba proyectar una imagen demasiado formal, por lo que descartó el traje de chaqueta de Armani que se había comprado en el último Black Friday .  Tampoco era cuestión de ir en deportivas y con los vaqueros rotos por muy de moda que estuvieran, así que al final, tiró por el camino del medio: pantalones pitillo, ...

Isabel Cabrera en "Vigila el rollo, que no se escape"

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  El 18 de marzo de 2020, recién estrenadito el confinamiento y en plena crisis del papel higiénico, la inspectora Paola Martín, de homicidios, decidió investigar y llegar hasta el final de un asunto que trajo de cabeza a tres cuartas partes (o más) de la población. Así nació "Vigila el rollo, que no se escape" . Semanas después, la actriz y narradora oral Isabel Cabrera (te adoro, Isa), lanzaroteña para más señas, me mandaba un Whatsapp: "Con esto de la pandemia, voy a participar en un tagoror de cuentos telemático y me gustaría que me dieras tu permiso para hacer una adaptación de uno de tus relatos". ¿Mi permiso?, ¡por supuesto! y las llaves de mi casa le hubiera dado. Así que, el 17 de abril, puse mis cinco sentidos (y el de repuesto) en la página de Facebook de la Asociación Canaria de Narración Oral, Tagoral, organizadora del encuentro. ¿Y sabes lo que pasó?, pues que Paola Martín de repente tenía voz, tenía vida... y me emocioné y reí como una boba.  Hoy quie...

Ahora me toca a mí. Una historia de… ¿Terror?

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Había llegado el momento. Sentada frente al ordenador aspiró todo el aire que cabía en sus pulmones, cerró los ojos y lo soltó poco a poco. Mientras, daba golpecitos nerviosos sobre la mesa  Arkelstorp  de Ikea  con el boli azul ( Bic cristal) .  ******* “Quiero que sepan que, para mí, la Universidad dejó de ser un lugar donde se imparte enseñanza desde que se suprimió el castigo corporal y se permitió la entrada a las mujeres”. Las palabras de aquel profesor de Literatura que se apropiaba del tabaco de los estudiantes de la primera fila y que, por cierto, llegó a ser director de la Biblioteca Nacional, seguían sonando en su cerebro y atormentándola treinta años después. Recogió sus cosas, se levantó y abandonó el aula. Quizá por eso, tiempo después, hizo lo que hizo… El horror que había tenido que vivir a sus recién estrenados dieciocho la habían marcado de por vida. Se despertaba por la noche sudorosa y con palpitaciones hasta que reconocía el espacio seguro qu...

Culpable, la luna

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  Había elegido aquella noche tenebrosa para pedirle matrimonio, pero la luna decidió hacerle una jugarreta y cambió el color del escenario que cuidadosamente había preparado.  Ahora todo era azul y verde… No, rojo y amarillo... No, no, era algo así como rosa chicle y gris marengo... ¿O no?  Se llevó las manos a la cabeza y se tiró de los pelos. ¡Nunca llegaría a saberlo! Lanzó con rabia la cajita con el anillo de compromiso y la estampó contra un árbol.  Ahora ni siquiera sabía si iba bien vestido, si la camisa le combinaba o no con el pantalón. ¡Ayyyy! ¡Cómo odiaba eso de ser daltónico!

¡Hasta mañana!

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  Mañana intentaré atraparte de nuevo justo en el momento en que me digas adiós. Abriré mis brazos de espuma y te abrazaré muy fuerte para que no te escapes, aunque sé que lo harás…  Volverás cada atardecer para insultar con tu grandeza a aquellos que pretenden encerrar nuestra unión en una fotografía. Tu último rayo penetrará en mi ola más fiera y yo te seguiré buscando cada día.  

Historias para no dormir

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  4:28. El sonido estridente de la alarma de un coche irrumpió de forma violenta en el descanso nocturno del vecindario. El perro del sonámbulo del 2ºA empezó a ladrar, la gata de la viuda del 3ºC no dejaba de maullar y un bebé desconocido lloraba a lo lejos, mientras la rubia del 1ºD descubría con disgusto que los ronquidos de su marido no serían lo peor de aquella noche. Desde el edificio de enfrente una voz gritó, “¡que alguien lo haga callar, por favor!” ¿A quién? ¿al coche, al perro, al gato, al bebé o al marido? Harto de que le robaran el sueño, el currela del 4ºC lanzó una bombona de butano contra el vehículo chillón y la estudiante del 2ºB ahogó un grito cuando la vio caer. No explotó, eso sí, reventó el coche. 4:30. Se paró la alarma, el perro dejó de ladrar, el gato de maullar, el bebé de llorar y la rubia intentó volver a coger el sueño. Su esposo ya no roncaba, esta vez el trozo de esparadrapo era un poco más ancho.  

¡Pues nada!

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  Vídeo finalista del I Concurso de videorrelatos "Mujer ante el Covid-19", organizado por Charter 100 Lanzarote. Pues la verdad es que no es por hacerme la chulita, pero yo, este curso de Primero de Confinamiento lo he pasado con nota, pero con nota alta, porque ¡vamos!, es que yo he hecho absolutamente de todo. Todo lo que había que hacer, lo he hecho yo. ¿Que había que ir a comprar papel higiénico? Pues yo he comprado papel higiénico. ¿Que había que salir a aplaudir? Pues yo he salido a aplaudir. ¿Que había que cantar 'Resistiré'? Pues yo he cantado resistiré. ¡Bueno!, hasta todos los retos del Facebook, todos los que había que hacer, me los he hecho yo, absolutamente todos. A ver, no vamos a mentir. Hay una cosa que no he hecho, no he hecho pan. Pero eso era para subir nota ¿no? Vamos, que no entraba dentro de las cosas obligatorias que había que hacer ¿verdad? Pues eso, que no he hecho pan. Y luego, pues bueno, como todo, ha habido cosas que me han preocupado más...

¡Mamá, quiero ser artista!

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  ¡Mamá, quiero ser artista! La primera vez que lo dije tenía cinco años. Mi madre me compró un traje de flamenca, una peineta y me hizo cantar “La Zarzamora” de tablao en tablao. Pero no era eso lo que yo quería. La segunda vez, con diez, subimos de escalón. ¡Mamá, quiero ser artista! Me llevó a clases de canto y aprendí a tocar el piano, la guitarra eléctrica y el clavicordio. ¿Para qué? No lo sé, pero ya tengo más Grammys que The Beatles y Beyoncé juntos. En plena edad del pavo insistí. ¡Mamá, quiero ser artista! Me apuntó a clases de dibujo y pintura y aprendí todo tipo de técnicas: acuarela, témperas, collage, cera, acrílicos, pastel, temple, óleos, técnicas mixtas… Tengo dos exposiciones en el Louvre, una en el Guggenheim y a punto estoy de exponer en el Museo del Hermitage. Con veinte me atreví de nuevo. A ver si ahora… ¡Mamá, quiero ser artista! Se quedó pensando y empezamos con cursos de narrativa y talleres de escritura creativa. Ya tengo el Premio Planeta, el Cerva...