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¿Y esto cuándo lo echan?

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El taxista miraba de reojo por el espejo retrovisor, aquella extraña mujer había despertado su curiosidad. Le había dado la dirección escrita en un papel y, desde que se montó, no había dejado de gesticular y mover la boca como si estuviera manteniendo una conversación con alguien, pero sin emitir ningún sonido, y soltar alguna que otra carcajada muda, que remataba con algún que otro “pero qué graciosa eres” o “me alegro de que me hagas esa pregunta”, hasta que de repente se quedó quieta. La inspectora Paola Martín, de homicidios, estaba histérica. A pesar de llevar tres días preparándose a conciencia, practicando delante del espejo y estudiando toda la información que había encontrado en CocoCo, un perfil de Instagram muy cuqui que daba consejos de comunicación (Comunicación Con Corazón, decía), no tenía muy claro que aquella entrevista en televisión fuera una buena idea. Normalmente era ella la que hacía las preguntas. Ahora, sentada en el taxi y con la mirada perdida en sus relu...

Nada es lo que parece

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                                        -       ¿Entonces? -       Habrá que decírselo… -       Sí, es absurdo seguir ocultándolo. -       Pues ya está, no lo alarguemos más, cuanto antes mejor. -       ¿Estás seguro? -       Completamente. -       La verdad es que últimamente está muy rara… La llamada del comisario Ramales hizo que la inspectora Paola Martín, de homicidios, y su compañero, el subinspector Lucas Bernini, se pusieran tensos. El modo vibración hacía que el teléfono móvil diera saltitos sobre la mesa del bar, ninguno de los dos se atrevió a descolgar. No podían decirle que no tenían ni idea de cómo había desaparecido uno de los fardos de hachís incautados en la última operación. No, ni locos...

Los ojos de Marco Antonio

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La vuelta a la rutina después de las vacaciones no había sido como esperaba; un nudo en la boca del estómago le recordaba que no había cumplido su promesa. Miró a su hija, que estaba tratando de encajar las últimas piezas de un puz zle de princesas Disney, y perdió la noción del tiempo, como tantas otras veces, embobada ante aquellos ojazos verdes y esa tez tan morena. Suspiró, no se parecía en nada a ella. Dejó de enrollarse el pelo con el boli bic y decidió que el momento había llegado. Lo difícil iba a ser explicarle a una niña de cinco años lo del polvo en suspensión. Ella siempre había pensado en contarle lo de las florecillas, el polen y el abejorro que se largó, cuando llegara el momento, pero la realidad era muy diferente a como se la había imaginado seis años atrás y Calima exigía otro tipo de explicación.   -       ¿Tengo papá?, ¿dónde está?, ¿cómo se llama?, ¿por qué no lo he visto nunca?, ¿por qué no vive con nosotras?, ¿por qué no me llamó...

Vacaciones accidentadas (III)

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La desaparición de Calima Cuando ‘La Justi’ abrió la puerta, Calima se lanzó literalmente a los brazos de su abuela, que se la comió a besos. Tras ella, entró una enfurruñada doña Jacinta, que emitió un gruñido en forma de saludo, y el subinspector Bernini. La inspectora Paola Martín, de homicidios, se había quedado un momento en el rellano informando por teléfono de su vuelta al comisario Ramales. Todo estaba preparado tal y como habían quedado. Paola abrazó fuertemente a su madre, le dio un par de sonoros besos y saludó educadamente a los cuatro especialistas que se habían trasladado hasta allí para ayudar a la niña. Dos de ellos, la psicóloga y el intérprete, eran colaboradores habituales de la Policía. Los otros dos expertos… Bueno, los otros dos a secas, una novicia y un chamán, era cosa de ‘La Justi’. La inspectora prefirió no hacer ningún comentario, no tenía fuerzas. Todavía no se había recuperado de la angustia vivida hacía apenas 48 horas. Era el último día de las ...

Vacaciones accidentadas (II)

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Las "viejas" saben nadar Sentado en la terminal, el subinspector Lucas Bernini volvió a mirar en la tarjeta su número de asiento. Aún no tenía muy claro cómo se había metido en ese lío, pero allí estaba, sentado junto a una señora de 84 años, a la espera de que la puerta de embarque apareciera de un momento a otro en el panel. No había ni una sola cadena de televisión que no se hubiera hecho eco de las imágenes de la inspectora Paola Martín, de homicidios, arrastrando a un sospechoso de asesinato a través de un manto de lava volcánica mientras, a su lado, su hija de cinco años caminaba a saltitos y explicaba a todo el mundo lo que había ocurrido. Doña Jacinta estaba horrorizada. Su nieta y la niña estaban allí, solas, en vete tú a saber dónde y con vete tú a saber qué gente. Tardó diez minutos en encontrar un vuelo, dos en preparar la maleta y uno en llamar a Paola al móvil y decirle, “hazme hueco que voy pa'llá ”. La inspectora no tuvo opción ni ganas d...

Vacaciones accidentadas (I)

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Asesinato entre volcanes Aquellas vacaciones iban a ser especiales. Había llegado el momento de que Calima supiera el por qué de su nombre. No es que la inspectora Paola Martín, de homicidios, le fuera a explicar a su hija, con pelos y señales, los detalles de aquel apasionado y fugaz encuentro, aquel polvo en suspensión de hacía ya seis años… Pero sí, quería volver a la isla y quería hacerlo con ella. Calima estaba feliz y nerviosa, nunca había viajado en avión. Nada había cambiado, ni la luz, ni las casitas blancas, ni la forma en la que el mar y la lava habían aprendido a abrazarse. La inspectora lo recordaba todo tan bien… Soltó la maleta y se quedó mirando el azul intenso del océano antes de entrar en el apartamento que había alquilado a través de una plataforma de esas de vivienda vacacional. Cerró los ojos y extendió los brazos desnudos para que el olor a salitre impregnara su piel. Una semana, siete días y sus siete noches solo para ellas dos, sin casos, sin pris...